Ir a la playa es parte de tu rol

como profesional de impacto social

Ir a la playa o pasar tiempo con tus hijos, leer, pintar... A cada uno de nosotros nos repone la energía algo/alguien diferente. Y dedicarle tiempo es fundamental para nuestro trabajo de impacto.

Esta semana, un amigo y colega del sector me comentó que se sentía drenado (no usó esa palabra, exactamente, pero resumiendo). Le pregunté sobre cuáles eran las cosas que más le llenaban de energía. Tras hacer decirme una lista (con una sonrisa de oreja a oreja), me dijo:

“Pero, no tengo tiempo. Justo ahora estoy en mil cosas.”

“Hacer cosas que te recarguen la energía,” le dije, “forma parte de tu trabajo.”

Tras nuestra conversación, me quedé pensando. Recordaba exactamente el día en el que hice “clic” y empecé a ver el recargar mi energía como una necesidad. Me costó.

Más tarde, al preguntarlo en Instagram, me lo confirmaron: lo seguimos viendo como un premio que nos tenemos que ganar.

No.

Reponer nuestra energía es necesario y forma parte de nuestro rol como profesionales de impacto.

Sin energía no hacemos nada

Creo que el título lo dice todo.

Pero si aún te tengo que convencer, te comparto una metáfora:

Imagínate que tienes una cuenta de banco con tu energía física, mental y emocional. Como con el dinero, hay actividades, situaciones y personas que nos suman y otras que nos restan. El punto es tratar de mantener un balance positivo.

Si tenemos nuestra energía en números rojos, poco podemos hacer.

Y mucho menos, hacer bien nuestro trabajo de impacto.

El problema del premio

Ver estas acciones “renergizantes” como un premio que darnos cuando hayamos terminado el trabajo hace que, muchas veces, ese momento no llegue o llegue tarde.

Siempre habrá otro tema urgente que hacer, una persona más por ayudar, un informe más que rellenar, una propuesta de financiación más por hacer...

No hay fin. Por lo tanto, el “premio” nunca llega.

Nos llevamos al límite (si seguimos con la metáfora del banco: no sólo estamos en números rojos, sino que, además, nos endeudamos).

Las consecuencias de esto son graves, a nivel profesional y personal: desde reducir nuestro desempeño, hasta llevarnos a crear conflictos en nuestro equipo, a desconectarnos de nuestro propósito, a padecer burnout, a sufrir de alguna enfermedad, a alejarnos de nuestra familia y amigos...

Tomar espacios para llenarnos de energía no es un premio. Es una necesidad.

La pasión se agota

Trabajar en impacto social, a menudo, es vocacional y nos da satisfacción.

Pero aunque nuestro objetivo final nos llene, hay actividades, situaciones y personas que, como en cualquier otro trabajo, nos drenan.

Además, los temas en los que trabajamos son complejos emocionalmente, traumatizantes, en muchos casos. Eso también va descontando del banco emocional.

Trabajamos con pasión y entrega, y por eso, eso no quiere decir que no nos agotemos. Tenemos que reponer energía.

[Aquí tienes una autoevaluación para medir tu nivel de Burnout]

Todo está en el balance

Seguro que alguno pensará que estoy predicando pasarnos todo el día en modo ocio.

Y no.

Primero, porque te conozco (me conozco así que te conozco): te apasiona demasiado lo que haces y crees demasiado en su necesidad como para parar. Por eso, justamente, estoy siendo tan enfática en la necesidad de darte espacios. Porque sé que no te los das (o si te los das, sientes una pequeña culpa por hacerlo).

Y segundo, porque todo está en el balance.

Como muestra la Rueda de la Vida, nuestras vidas se componen de diferentes aspectos y mantener el equilibrio entre ellos es lo que hará que gire adecuadamente.

Sin balance, no “rodamos adecuadamente”. No estamos en nuestro pleno potencial.

Es parte de tu rol: priorízalo como tal

Sea entre semana o fin de semana, nos cuesta desconectar de nuestro trabajo. Y esto, a la larga, repercute en cómo desempeñamos nuestro rol de impacto.

Crear espacios para recargar tu energía es parte de tu trabajo. Y como tal, debes de fijar espacios para ello de manera diaria.

Por supuesto, siempre hay excepciones. Habrá días de locos en los que no puedas darte el espacio. Y no pasa nada. Pero debe ser la excepción y no la regla.

El qué hacer para recargar tu energía es muy personal. Meditar, escribir, practicar un deporte, hablar con alguien, pintar, recordar tu propósito, escuchar música, conectar con tu equipo a un nivel más humano…

Estas cosas no son “extras”, son parte del trabajo.

Puede ser tan corto como 10 minutos. Pero date el espacio, estando presente y sin culpa.


Y si lo que te recarga la energía es un paseo por la playa, organízate y hazlo.

Te ayudará a ser un(a) mejor profesional y a aportar mucho más a tu causa de impacto.

Acción

Haz una lista de las actividades, sitios y personas que te llenan de energía.

Organízate para incluir estas cosas en tu semana.

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