Para prevenirlo, hay que conocerlo

Cuando, como sector, somos incapaces de crear una cultura de bienestar, las consecuencias negativas son múltiples, afectando nuestro impacto. Conoce el síndrome de burnout para evitarlo.

Nos estamos quemando.

Los agentes de cambio, personas que dedicamos nuestras vidas a combatir los problemas más complejos y urgentes a nivel global, nos estamos desagastando.

Los niveles de estrés crónico, agotamiento, depresión y enfermedades están en aumento entre nuestros colegas. Así lo indican distintos estudios realizados en los años de pre-pandemia (¡imagina cómo deben de estar ahora!). El síndrome de burnout (o de desgaste) entre los agentes de cambio ascendía al 80% de los encuestados.

Esto nos afecta tanto a nivel personal como profesional. Por lo que se requiere que hagamos algo, de manera urgente y continuada, para promover de bienestar y evitar el burnout.

Como dice Beth Kanter, innovadora social que ha escrito un libro sobre cómo promover organizaciones sociales sanas, “para evitar el síndrome de burnout, el primer paso es entender qué es”.

El síndrome de burnout y los agentes de cambio

La definición que nos da Kanter sobre burnout es:

un estado de agotamiento emocional, mental y físico que ocurre cuando nos sentimos sobresaturados por demasiadas exigencias, muy pocos recursos y poco tiempo de recuperación.

Si trabajas creando impacto social, esa definición acaba de describir tu día a día.

Nuestra realidad de trabajo es compleja:

  • a contra reloj, todo es importante y urgente;

  • con equipos pequeños sobrecargados de trabajo;

  • con una constante sensación de que nada es suficiente;

  • frustrad@s por situaciones insostenibles y presión por un cambio rápido pero duradero;

  • la (auto)imposición de tener que hacer más con menos...

Si no se gestiona intencionalmente el crear un ambiente de trabajo sano, estas situaciones nos llevan, directamente, a padecer el síndrome de burnout.

Sin saberlo, en el sector de ayuda o creación de impacto social, prevalece una cultura poco saludable (por no decir, tóxica). Como explican Beth Kanter & Aliza Sherman, quienes llevan años investigando estas situaciones:

“Los que trabajamos en el sector sin ánimo de lucro normalmente distorsionamos la definición de trabajar bien, pensando que la naturaleza de nuestro trabajo es el sacrificio. Como resultado, avanzamos como podemos en nuestra larga lista de tareas a costa de nuestro bienestar. Perpetuamos la idea de que todo es importante. Y juntos, creamos una cultura de sobretrabajo y sobrecarga.”

Si, en efecto, vivimos en esta realidad constantemente, las repercusiones nos afectan personal y profesionalmente, emocional, mental y socialmente.

Algunos de los síntomas del burnout que podemos notar son:

  • Falta de concentración y baja productividad

  • Falta de cumplimiento

  • Agotamiento emocional y pérdida de la alegría

  • Cinismo y pérdida de esperanza

  • Apatía, indiferencia y distancia emocional

  • Pesimismo

  • Insomnio

  • Aumento de ira

  • Ansiedad

  • Depresión

A nivel individual, las consecuencias del burnout son claras: la calidad de nuestra vida y de nuestra salud mental y física disminuye. Y esto nos afecta en nuestro día a día, en nuestro ámbito personal y profesional.

Por qué prevenirlo entre agentes de cambio

Más allá de por la razón fundamental (nuestro bienestar físico, mental y emocional), es necesario prevenir el burnout si queremos continuar logrando transformar nuestros entornos y comunidades.

El burnout repercute directamente en nuestro trabajo como agentes de cambio porque, dicho rápido: si nosotros no estamos al 100%, no podemos dar lo mejor de nosotros a los demás.

¿Cómo nos afecta el burnout como agentes de cambio?

Fijándote en los síntomas del burnout ennumerados más arriba, es normal que nuestro trabajo se vea afectado. Aquí algunas consecuencias:

  • Disminución de nuestro nivel de empatía y conexión con nuestro “porqué”.

  • Peor memoria, capacidad de concentración y productividad.

  • Menos creatividad y aumento de errores cometidos en el entorno laboral.

  • Desmotivación y pérdida de esperanza en la causa por la que luchamos.

  • Peores relaciones interpersonales (con nuestros equipos y otros stakeholders).

  • Desarrollo de hábitos poco saludables, como el abuso de la comida, el alcohol y drogas (como antidepresivos), como muestran distintos estudios en el sector.

  • Insomnio y agotamiento emocional

  • “Fuga de cerebros”: una rotación de personal en el sector muy elevada, donde el 90% de las personas que abandonan alegan el burnout como causa.

El burnout en el “sector social” es real.

Un sector donde el 80% de su población tiene algún nivel de burnout no funciona. No se trata de una acción egoísta y banal; el bienestar es necesario para poder lograr las difíciles metas que nos hemos propuesto.

Nosotros somos el sistema. Nuestras acciones con nosotros mismos y con nuestros equipos hacen la norma. Y el primer paso para priorizarlo es darnos cuenta de cómo lo necesitamos.

Acción

  • Haz un “check-in” contigo mism@. Revisa los síntomas expuestos y sé consciente durante tu día y tu semana. Para y reconoce ciertas sensaciones y sentimientos para entender cómo te sientes y qué ha sido lo que lo ha provocado. Date pausas de recobro.

  • Si tienes un equipo, haz tiempo para hacer un check-in con ellos, preguntarles cómo están, cómo se sienten.

  • El primer paso a evitar (o tratar) el burnout es reconociéndolo.

También puedes saber tu nivel de burnout haciendo esta evaluación de burnout para agentes de cambio / emprendedores sociales / profesionales de organizaciones sin ánimo de lucro

Frase

“Si nos dejamos llevar por un sinnúmero de preocupaciones, respondemos a demasiadas exigencias, nos involucramos en demasiados proyectos, queremos ayudar a todos en todo, subcumbimos a la violencia.

El frenesí de nuestro activismo neutraliza nuestro trabajo hacia la paz. Destruye nuestra capacidad de paz interna. Destruye el disfrute de nuestro propio trabajo porque mata la raíz de la sabiduría interna que hace que nuestro trabajo sea fructífero.” - Thomas Merton